En la fase inicial, las distancias serán cortas y compatibles con la flotación de apoyo. Se suele recorrer entre 2 y 6 metros con la ayuda de accesorios como tablas o aros de espuma. El objetivo no es la distancia rápida, sino la familiaridad con el agua y la flotación controlada.
Los ejercicios se enfocan en movimientos de patada y deslizamientos, manteniendo la cabeza fuera del agua cuando es necesario y promoviendo una respiración suave entre brazadas. Cada niño progresa según su ritmo, y la monitorización es constante para evitar ansiedad. Con cada sesión, el monitor verifica la alineación corporal y la coordinación entre respiración y propulsión. A medida que la confianza crece, se aumentan gradualmente las distancias manteniendo la seguridad como prioridad.
Uso de flotadores y ejercicios de propulsión
Los flotadores y tablas son herramientas de aprendizaje utilizadas temporalmente para reducir la carga física y apoyar la flotación.
Se introducen ejercicios de propulsión con apoyo en la pared para enseñar el pataleo básico. La progresión evita depender de los flotadores; se busca que el niño maneje la postura y la respiración sin apoyo en la medida de lo posible.
Factores que influyen en la progresión
La edad, el desarrollo motor y la experiencia previa en el agua influyen en la velocidad de aprendizaje.
La temperatura del agua, la iluminación de la piscina y la relación con la familia pueden afectar el confort emocional. Cada niño tiene un ritmo único; las sesiones se adaptan para respetar ese ritmo.

Leave a Reply